Yo te leo, disfrazada de oficina. En un espacio prestado. En una vida prestada. Te leo y detrás de la máscara me reflejo un poquito más en ti. Y recuerdo que no he muerto... al menos no por completo.
Suelo contagiarme cuando sé que te llenas de nostalgia... Ha de ser la gran empatía que sé yo... Y por eso el empeño en hacerte reir, aunque sea un segundo.